El pasado 16 de mayo pasará a la historia (para algunos) como el día en que el Racing de Santander regresaba a la primera categoría del fútbol nacional. Para nosotros, esa fecha será recordada por la inauguración de la muestra de Jacobo Goiría en la Nave de Euterpe. Vecinos, amigos de la nave, admiradores del pintor y gentes venidas de distintos lugares nos acompañaron para disfrutar de la belleza de esos lienzos de gran formato en los que el autor, según sus palabras, dijo no traer ideales que nuestra realidad desmiente: «traigo lo pictórico mismo. No he pretendido pintar un no-lugar, sino el acto de pintar, personal destino de pintor. En estos lienzos acato mi realidad, no huyo de ella”.
‘Sin carta de navegación’ es el nombre de esta muestra que se podrá visitar durante los fines de semana de los próximos meses de 12:00 a 18:00 horas.
La exposición llega acompañada de la edición de un catálogo con prólogo de Jesús Martínez Moro, quien confiesa que no es especialista ni crítico de arte, pero sí admirador de la obra de Goiría desde hace casi medio siglo. Bajo el título ‘Testigo de la belleza’, Martínez Moro repasa en su texto la trayectoria artística del pintor que “pasó de ser creador de belleza a simple testigo de la misma”. Así, comienza recordando cómo en 1990, “cautivado por la madurez -el dominio técnico de los pinceles y de los recursos de la expresión abstracta-“, ya compró dos cuadros en la exposición que colgó en la galería Trazos Tres. Desde ese punto de partida, el prologuista llega hasta la muestra ofrecida en el Centro Nacional de Fotografía de Torrelavega en 2024, donde Goiría se cuestionó la intromisión del autor en su obra “llegando a abandonar el grafismo como injerencia excesiva, dejándolo todo en manos de una luz misteriosa que colorea y embellece cuanto toca”.
Jacobo Goiría defiende que el arte no es una ventana a formas conocidas, sino la captación del proceso creativo: “El arte es un fin en sí mismo”, explica. Cediendo el control a los elementos artísticos, meditando y polemizando consigo sobre la materialidad y la ejecución de su trabajo, el artista se expresa física y gestualmente en las propias obras, donde el sentir se convierte en saber. “Si estas palabras son oscuras y enigmáticas también para mí, es porque el arte es un misterio y debe seguir siéndolo”, explica para añadir que los lienzos que presenta en La Nave de Euterpe muestran su personal destino de pintor.






